La
tierra
Sed
de desierto,
agonizan
los pastos,
alérgicos
de polvos,
desnudos
los arboles.
Reclaman
caricias.
gritando con su grito de piedad.
Fué y sera,
principios
de un siglo,
restos
mortales de este invierno gris.
Mañana
mi tierra sudara cavernas,
de
pálidos huesos y
débiles plumas.
Nadie
que no entienda,
que
no ame,
que
en su vida eterna sufra,
podrá
borrar el dolor de los labios.
Los
ríos ya mansos mojaran
mis pies.
Los
montes se hacen con
mágicas formas,
y
un hombre deforme,
les
declara el fin.
No
se...
No
logro entenderlo.
Afuera
hace frió, y en todo es invierno.
Me
dueles los huesos, de ramas que esconde,
sus
dedos de cobre,
su
llanto de carmín.
Nada
lo detiene,
nada
lo distrae,
el
mundo se muere y nadie quiere oír.
Que
los fantasmas de copa,
de
claridad y frescura,
de
lirios mansos,
decoran
el jardín.
Que
mi tierra muere!...
entre
tantas cosas,
muriendo
el alma,
del
amor al fin.
Graciela Mirolo.
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